Me hacía muchísima ilusión volver a pintar el jardín de las hadas… esta vez para una pareja encantadora, Carol y Jordi, y su futura retoñita Òria.



El mural iba ubicado en la pared de la cama, aunque de momento no iba a haber cama, sino cuna, por lo que carecíamos del friso o arrimadero necesario desde donde hacer crecer las flores. La solución pasó por cambiar el planteamiento inicial de este mural y hacer llegar los tallos hasta el zócalo de la habitación, manteniendo sin embargo la altura de las hadas y creando así un jardín algo menos volatil pero mucho más polivalente. Como siempre, los tonos engamados a la base de la pared.
¡Espero que Òria disfrute con sus hadas tanto como yo pintándolas!













